Diario la Tercera, 25 de Marzo de 2002

Partió en la isla Toto, cuando en la escuela dónde hacía clases se le ocurrió crear una tablillas para que los niños jugaran imitando los clásicos recorridos con piezas de dominó. Ese fue el origen de su producto Replik. Siete años después la compañía tiene cinco juegos, exporta a Costa Rica y planea comercializar en Europa.

En febrero recién pasado Sebastián Milos (27 años), fundador y socio de Ludik, emprendió un viaje cofinanciado por ProChile a la Feria Internacional del Juguete de Nuremberg, en Alemania, que cambió el futuro de su empresa. Esta travesía permitió a Ludik, que fabrica juguetes didácticos, conseguir un interesado para comercializar sus productos en Europa Occidental y, además, gracias a ese interés, estuvo presente con todos sus juguetes en la Feria de Nueva York. Toda una sorpresa. Lo que era un viaje para aprender y establecer nexos se transformó en un gran negocio. "En la feria de Nuremberg hice contacto con Smart Products, que es muy importante en Europa, y estuvieron tan interesados en mis juegos que me pidieron que llamara a Chile para enviar muestras a Nueva York... y mis juegos se expusieron allá", cuenta emocionado Milos. Las negociaciones por conseguir la representación continúan. Sin embargo, espera que este año sus juguetes ya se comercialicen en Europa. Sería un gran paso para que Ludik se consolide en el mercado de las exportaciones, que hoy está reducido sólo a Costa Rica. Es así como esta empresa ha vivido un verdadero efecto dominó, como dice el lema de Replik, el primer juego que puso en el mercado. Con fichas de madera y accesorios, Replik invita a construir recorridos creativos de tal forma que cayendo una sola pieza, caiga el recorrido completo.

La escuela, la universidad y la juguetería: Fue en 1995 cuando Sebastián Milos comenzó a construir los cimientos de esta empresa, después de congelar un semestre de ingeniería comercial en la Universidad Diego Portales y partir a trabajar a la isla Toto, en el sur. Mientras hacía clases en una escuela se dio cuenta que los niños necesitaban juguetes. "Viendo qué podíamos hacer con los materiales del lugar, donde había mucha madera, llegamos a la conclusión que un juego buenísimo sería hacer uno de efecto dominó", cuenta. "Cortamos piezas de madera y lo hicimos. Fue un éxito. Los niños salían a recreo y corrían al baúl a buscar estas fichas", agrega. Ese recuerdo quedó en su cabeza. Hasta que volvió a Santiago y tuvo que hacer un trabajo para la universidad. "Tenía que simular una empresa y se me ocurrió hacer el juego, hice un prototipo... Fue súper exitosa la acogida entre profesores y alumnos", dice. Y se animó con la idea de hacer negocios: partió a La otra juguetería para mostrarlo, "y les gustó". Así, en 1997 comenzó a fabricar más Replik, que por esos años se llamaba Ciclón. "Lo hacía todo súper externalizado... trabajaba con una mueblería. Pero yo construía todos los accesorios que traía el juego. Todo en el living de la casa de mis papás", recuerda Milos.

Fecha clave: A Sebastián Milos le empezó a ir "relativamente bien". En 1998 se movió mucho promoviendo su juego. Estuvo presente en dos exposiciones: Expo Niños y Expo Bebés. Ese año también la Unicef se interesó en el concepto del Replik: "Me compraron alrededor de 15 para regalarlos a los hijos de los funcionarios... A los papás y a los niños les gustó tanto que Unicef me ofreció su respaldo institucional, lo que le dio un cierto valor a la empresa. Fue como un sello de calidad", comenta. Ese año logró vender alrededor de 700 cajas de Replik para la Navidad. El negocio fue creciendo y Milos ya tenía dos clientes seguros: La otra juguetería y Juegos Van de Wyngard. Ya era tiempo, entonces, de hacer más formal el negocio. De salir de la casa de sus padres e independizarse. Sin embargo, eso requería de una gran inversión, que preocupaba a Milos hasta que en julio de 2000 llegó la salvación. Eduardo Van de Wyngard, uno de sus clientes, le compró en $ 10 millones la mitad de la compañía y pasó a ser su socio. Además, aportó una casa donde Milos podía desarrollar sus juguetes. "Ahí empezó la empresa en serio", indica Milos. Al Replik (que tiene un valor de $ 15.000) se le sumaron dos hermanos: el Minimal (200 tablas iguales con las que se pueden hacer figuras), que vale $ 14.000 y el Decordón, que se consigue por $ 2.000. Nacía una línea de productos y los supermercados se comenzaron a interesar en ella. Ludik entró al Jumbo, Montecarlo, Unimarc y a las cadenas de D&S. Asimismo, jugueterías como Rochet, Juguetón y "otras chicas a lo largo del país" se sumaron a la lista de clientes de Milos hasta completar 140 locales de venta en Chile.

Cosas de TV: En la búsqueda por encontrar nuevos productos, Milos se "obsesionó" con el Canal 13 y sus programas Maravillozoo y Si se la Puede Gana. Los quería transformar en un juego. Entonces, escribió un proyecto, lo diseñó y se fue a la estación televisiva: "Toqué la puerta", dice, y así les planteó su idea. Para su suerte les encantó. Después de una serie de negociaciones compró la licencia de los programas y se puso a fabricar los nuevos juegos. "No dormí de julio a diciembre", mes en que los productos salieron a la venta. Los productos recién se están comercializando, aunque sólo en Chile, ya que son muy localistas para exportarlos, señala.

RECUADRO PEQUEÑO: Retroalimentación: Club de juegos: Para mantener contacto con cada uno de los niños que juegan con los productos de Ludik, Sebastián Milos creó el Club de Ludik. "Para mí el contacto con los usuarios es fundamental, para que no sea tan frío", señala. Es así como cada caja viene con un nombre de usuario y una clave secreta para que los niños puedan ingresar a la página www.clubludik.cl. Al entrar se accede a beneficios, secciones, actividades, concursos y formas de comunicación con los otros socios y con el propio Milos. Es así como, por ejemplo, en 1998 Milos organizó en la casa de sus padres un concurso de Replik. "Llegaron como 30 niños, cada uno hizo su recorrido y después se unieron con los demás", recuerda. Además, a través del portal www.ludik.cl los niños tienen la posibilidad de entregar todas las sugerencias que quieran para así desarrollar nuevos productos.

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