Revista electrónica "El Portaliano", 4 de Abril de 2002



Revista oficial de la Universidad Diego Portales.

Portaliano triunfa en el mundo del entretenimiento

Sebastián Milos, es actualmente un exitoso empresario de la juguetería... y todo gracias a unas maderas.
Con su juego didáctico Replik, ha cautivado no sólo a los pequeños, sino también a grandes clientes como D&S y las jugueterías como Rochet y Van de Wyngard.


Las casualidades del destino llevaron a Sebastián Milos, Ingeniero Comercial de nuestra Universidad, a ser hoy un exitoso empresario en materia de juguetería.
El joven, con su empresa Ludik, ya ha cautivado el mercado chileno haciendo que sus productos se vendan no sólo en jugueterías, sino también en distintos supermercados a lo largo de nuestro país.
Su paso por nuestra Universidad fue accidentado. Comenta que la elección de la carrera de Ingeniería Comercial fue casual, ya que quería estudiar arquitectura. "Entré para ver como me iba y en realidad me fue bastante mal el primer año. No me gustaba la carrera para nada ya que la encontraba muy impersonal", señala.
Casi al finalizar el año, cuando se estaba preparando para dar nuevamente la prueba de aptitud académica, conoció a un grupo de jóvenes de otros cursos, que lo invitaron a trabajar en las hospederías del Hogar de Cristo, para realizar un trabajo social. "La idea no me motivó, sin embargo fui y la experiencia resultó increíble", afirma.
Recién ahí comenzó a disfrutar del ambiente universitario, un ambiente que le parecía más acogedor y totalmente distinto al normal de la carrera. Debido a esto y a los consejos de sus compañeros que le comentaron lo amplio de la profesión, es que decidió continuar.
"En segundo fue fantástico, trabajé en el Centro de Alumnos de la Facultad e hicimos una serie de labores sociales", entre ellas, un taller de microempresa en el Infocap y visitas a hogares de menores. "Ahí fue cuando me aferré más a los estudios y me convencí que esa era mi veta", confiesa.
Con el gusto de realizar labores sociales, en tercer año partió a la isla Toto, en el sur del país, durante seis meses, para conocer de cerca la vida de los pescadores del lugar.
Aprovechando la oportunidad, también impartió clases en la escuela de la zona, un establecimiento que ni siquiera tenía licencia del Ministerio de Educación, por lo que la falta de materiales era absoluta. "Recuerdo que no teníamos ni libros, obviamente los juegos no existían y se me ocurrió utilizar el recurso de la madera, para crear juegos para los niños", señala.
La idea prendió en los más pequeños, como verdadera pólvora, "cada vez que había tiempo libre corrían a una caja, donde guardábamos las piezas, para jugar con ellas".
El entretenimiento, que cautivó a los niños, fueron simples piezas rectangurales de madera, con las cuales se podía realizar un efecto dominó. Esa pequeña idea se transformó en la clave de su éxito, lo que hoy se conoce como LUDIK.

De vuelta a clases

El segundo semestre del tercer año, volvió a la UDP, y durante todo el resto de su estadía universitaria realizó varios trabajos en torno al juego. "Lo que hice fue llevar a la práctica todo lo que aprendí en la Universidad, es decir, cada trabajo de marketing, estudio de mercado, estadística, entre otros, los enfoqué en mi creación", cuenta.
En el tiempo que le quedaba libre fuera de la Universidad, comenzó a ofrecer su producto en distintas jugueterías. La labor fue ardua, pero finalmente logró que "La otra juguetería" lo comprara.
En un principio fue un trabajo de aficionado ya que debía cortar las piezas, no tenía mucho capital y no contaba con un taller. "Mi casa estaba hecha un desastre, había piezas de dominó por todas partes", comenta.
La fama llegó cuando lo invitaron a participar en una feria de Estación Mapocho, donde la acogida fue increíble y se le agotaron todos los Replik. "Ahí aproveché de hacer contactos con empresas a quienes les gustó lo que estaba exponiendo". Uno de sus nuevos clientes fue la juguetería Van de Wyngard, una nueva señal que le indicaría la ruta del reconocimiento final.
El 2000 se tituló de Ingeniero Comercial y este hecho coincidió con que se le había acabado todo el material con el que contaba para vender en las tiendas. Con ese dilema, empezó a evaluar el tema de costos-oportunidades, junto con la suma del ofrecimiento de un excelente trabajo en la Cepal.
"Me cuestioné todo y en eso estaba cuando me llamó Van de Wyngard para pedirme más Replik". Ahí fue su definición ya que él le planteó que, si quería seguir, le presentara un proyecto y aportaba con recursos.

Replik, un efecto réplica

10 millones fueron los que necesitó para montar lo que sería su empresa, la que lleva el mismo nombre de su exitoso juego. Pero no tan sólo eso le facilitó la reconocida juguetería, también le prestó una casa en la que actualmente fabrica los juegos.
Ya no es sólo el Replik el único entretenimiento que ha creado Sebastián. A la fecha cuenta con el Minimal y el Decordón, y como si fuera poco, Maravillozoo y Si se la puede gana, inspirados en los programas de Canal 13.
La cadena de clientes a estas alturas es amplia: supermercados, Rochet y otras tiendas más pequeñas que a lo largo del país ya suman 140 locales de venta. "Esto fue como un verdadero efecto dominó, una réplica de mi juego", afirma.

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